La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Feliz, feliz en tu día, abuelita que Dios te bendiga, que reine la paz en tu vida y que cumplas muchos más

Setenta años y es la mujer más hermosa que conozco. Qué piel, qué sonrisa. Qué mirada tiene, mi madre. Le hemos regalado libros (contemplándola cuando los ojea, empiezas a intuir qué es el amor, y la emoción, y el deseo y la alegría), una aspiradora nueva (que con toda seguridad nunca usará), le hemos regalado dos tartas (sus favoritas, de café y de chocolate). Le hemos regalado un modelito para salir a caminar (uno de esos que a ella tanto le favorecen, blanco como su pelo blanco) y le hemos regalado unas zapatillas para echar a andar y dejarse ver por ahí (por donde nadie sabe quien es, ni lo sabrá nunca; tan tesoro, mientras el mundo confundido en su epopeya, ni se entera). Le hemos llenado la casa. Como siempre avasallando, con todo jaleo entrando y como elefantes, saliendo. Y ella como si nada, sin despeinarse, sonriendo desde el tuétano que es desde donde sonríe ella, en el centro de los mejores planos, detrás de los críos que tropiezan, sujetando la taza de té que te apetece, trayendo el trozo de tarta perfecto. Observándonos y con todo su amor teniéndonos. Tan enorme y tan buena y tan especial (pero especial de las de verdad), mi madre, que en lugar de pegarnos una patada en el culo cuando al fin abandonamos su imperio, se asoma al balcón para recordarnos a voces que nos dejamos (eh, que me he pasado la mañana haciéndolas) los correspondientes seis o siete tuppers de croquetas.

 

Esto tiene que ver con el sentido de la vida. 

Sábado, 31 de Marzo de 2007 20:50.

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Autor: La donna è mobile

Ha habido un momento, mientras soplaban las velas (ella es melliza de un tío mío del que hablaré otro día) que he preferido quedarme en otra habitación.

Han salido todos, en estampida, y yo me he quedado sentada en la alfombra de la salita pequeña, mirando a mi alrededor y dándole al modo grabar para no olvidar (madre mía, si alguna vez se me olvidara este día, traéme aquí para que lo lea y para que me acuerde) el follón que se organiza, y las vocecitas de los críos que no se saben la letra o cantan a destiempo, y las de los mayores, y cuando aplauden.. las risas de los míos, y el pun pun de su corazón cuando es feliz. Imaginando el rubor en las mejillas de mi madre, y el nudo en su garganta de cuando la hacen protagonista, y el sonido del cajón de los cubiertos abriéndose para que alguien se ponga a cortar las tartas, y el de los platos, y de unos pasos que son los de mi hermano pequeño que me acercan mi trozo y mi vaso de sidra y me miran con felicidad, por todo, por esto y por todo. Porque él también lo sabe.

Y después verlos salir charlando, como si nada, partiéndose de la risa y comiéndose a los críos a besos.

Que no se me olvide este día, por favor. Que no se me olvide porque yo vivo de esto.


Fecha: 31/03/2007 20:59.


Autor: Mimou

Mi abuela:

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De muy chaval, mi abuela Pilar me mandaba a comprar al destartalado ultramarinos con una cesta de huevos.
– Acuérdate– me decía– llevas cuatro docenas y media. Pides un bote de leche Nutricia, una pastilla de Lagarto, una caja de gaseosas La Bandera, de La Bandera, que las de El Tigre no tienen fuerza, y tres papelinas de azafrán.
– ¿ A ver cómo dirás?– preguntaba.
– Un bote de leche Nutricia, una pastilla de Lagarto y una caja de gaseosas La Bandera– repetía yo, que nunca he tenido muy buena memoria para las compras.
– Y tres papelinas de azafrán, zoquete. Te tienen que devolver cuatro pesetas, dos reales y una perra gorda. Con el chavo, que te den un regaliz.
– Un bote de leche Nutricia, una pastilla de Lagarto y una caja de gaseosas La Bandera. Un bote de Nutricia, una de Lagarto y una de La Bandera. Uno de leche, una de jabón y....– arreaba yo calle abajo, con mi letanía y mi cesta de huevos.
– !Que no sean de El Tigre, que tienen poca fuerza!– me gritaba desde la puerta por última vez.
El tendero era un militar retirado de cuando la guerra y tenía un ojo de cristal. Cuando había poca gente, se lo sacaba y lo limpiaba con un pañuelo de cuadros; luego lo dejaba en el mostrador, sobre un papel de estraza. El ojo se quedaba allí, a la altura de los mios, y me miraba.
– A ver... ¿que te ha mandado tu abuela?– decía la voz castrense que había encima del ojo.
– Un bote de leche Nutricia, una pastilla de Lagarto, una caja de gaseosas La Bandera y tres papelinas de azafrán. Y me tiene que devolver cuatro pesetas, dos reales y un regaliz– decía yo todo de carrerilla.
Mi abuela no se equivocaba nunca con las cuentas.
De natural, se manejaba en duros y en reales , pero cambiaba a pesetas y perras gordas sin mayor dificultad.
Contaba los huevos por docenas hasta llegar a las gruesas y, si hacía falta, me indicaba el cambio del tendero hasta en monedas de dos cincuenta.
Los panes iban por pares, los conejos por libras y por onzas la canela para las longanizas del matapuerco. En Semana Santa no faltaba nunca al septenario y, en todo tiempo, cuando alguien de la familia enfermaba o los nietos entrábamos en exámenes, ofrecía novenas a la Virgen sin saltarse un solo día. Rezaba los Gozosos con la velocidad de Talgo sin necesidad de pasar las cuentas y, sólo a oreja, me regañaba desde la cocina cuando me oía bajar las escaleras de tres en tres.
– !Baja bien que algún día te vas a desnucar, calamidad!–, gritaba sacando la cabeza por el ventanuco de la entrada, con el perol de sopas en la mano.
– !Que no sea de El Tigre!– gritaba desde el fondo de la calle; yo con mis pantalones de Tergal, mi cesta de mimbre y mis cuatro docenas y media de huevos camino de la tienda del ojo.





Fecha: 31/03/2007 21:41.


Autor: La donna è mobile

Ay, sí que eres una calamidad, sí :-)

Qué historia tan bonita, Mimou. Qué bien internet y eso, para saberla.

:-)

:-)

Todavía no me duele la cara de sonreír, espera.

:-)

:-)

Ya parece que.. ah, no, que puedo.

:-)

:-)

"que tienen poca fuerza" XDDDD

:-)



Pd: pero qué chachi eres

Fecha: 31/03/2007 21:49.


Autor: La donna è mobile

Si ahora no estoy, que no estaré, es porque voy a freir unas poquitas de croquetillas. Digo. Y ahí queda eso.

Fecha: 31/03/2007 22:00.


Autor: Ardi

Se me ponen sonrisas, y digo sonrisas porque es más de una. Y me alegro un montón de haber pasado por tu casa hoy.
(Vale, y otros días).

Fecha: 01/04/2007 10:17.


Autor: Ardi

Ah, y que yo querría unas croquetas, si te sobran ... :-)

Fecha: 01/04/2007 10:17.


Autor: Juan Domingo

Felicidades, Donna, para tu madre y para ti. La escena de las croquetas es también una buena declaración de amor. Y no es la primera que le dedicas. Un beso

Fecha: 01/04/2007 11:43.


Autor: Portorosa

Todas las felicidades, os deseo a ti y a ella.

Un beso.

Fecha: 01/04/2007 11:59.


Autor: La donna è mobile

Ufff, descuida, Ardi, que habrá croquetas para todos. Gracias a ti por estar en sintonía conmigo en estas cosas, tan tontas.

Juan Domingo, no sé si ya lo he dicho alguna vez. Supongo que sí, hablo tanto... pero el día que me decida a escribir algo en condiciones, será sobre ella. Hay mucho que decir sobre esa mujer. A la que adoro, :-)

Muchas gracias, Porto-rosa queridísimo. Yo le haré llegar un beso de tu parte, :-) o de tu virtual parte.

Fecha: 01/04/2007 18:21.


Autor: La donna è mobile

Yo no tuve una buena relación con mi padre. No fue por mi culpa, claro. Igual ni siquiera fue suya, pero no lo fue. Él era un señor mayor, enfadado casi la mayor parte del tiempo, que vivía con nosotras y que debía ser profundamente infeliz. Alguna vez me quedé con ganas de conocerle de adulta, de alcanzar lo que debía tener en la cabeza, o en el corazón, y verle de tú a tú para comprenderle. Pero claro, la vida no te da esas oportunidades y te deja la mayor de las veces colgada en una duda que tienes que resolver tú misma, por pura necesidad existencial. La gente se te muere o desaparece del plano y se aleja, es lo que hay. Estamos de paso. Creo que por algo como eso tengo la manía de decirle a la gente que quiero, que la quiero. A la que me gusta, que me gusta. A los demás como ya sé que tarde o temprano se irán… ni me molesto. Pero los que están sí, porque ¿qué pasa si mañana desaparezco yo? ¿Y si te vas tú? ¿Entonces, qué? A lo mejor no pasa de un día para otro, porque pocas cosas pasan de un día para otro. Pero a la larga ¿te irás?, y ¿por qué tuve yo alguna vez la necesidad de no decirte, a gritos mientras fuera posible, que te quería? A ver, ¿por qué? Que se note, caramba, que te adoro, y que me veas sonriendo por tu culpa, que no me dejas otra cara que esa, y que tú sepas que es por ti, por cosas que tú me das, que compartes conmigo. Porque estás conmigo y provocas que las sienta, que pasen. Las chicas (ese concepto) cuando se juntan dicen que a los hombres no se les puede decir que se les quiere, porque se les pierde. Date cuenta, tú también, qué bien. Yo no quiero hombres a los que no puedo decirles lo que siento. De esos, no gracias, ya he tenido suficiente. Puente de plata. A mí que me den hombres de los de verdad, o que no me den nada. Y mujeres como mi madre, como mis hermanas, como mis mejores amigas, de carne y hueso, con las que pueda reirme de todo. Sí.

Y un presupuesto semanal para peluquería. Que eso no veas lo que hace.

:-)

Fecha: 01/04/2007 18:41.


Autor: La donna è mobile

(¿Ves? Así son siempre las explicaciones. Pun, pun, pun y ya está. Conclusión asumible. Toda mía. Se traga cada ocho horas y para delante. Cabeza alta y mañana más.)

Fecha: 01/04/2007 18:49.


Autor: La donna è mobile


Las personas pueden olvidar lo que les dijiste,
las personas pueden olvidar lo que les hiciste,
pero nunca olvidarán como los hiciste sentir.

Mahatma Gandhi

(Amén)

Fecha: 01/04/2007 19:35.


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